El Alto: Entre La Libertad Y La Adversidad | Omar Aldayuz

Si hay una palabra que puede esbozar la mayor característica de El Alto (Bolivia) esa es: contraste. Contraste del intenso frío por la madrugada y el quemante sol de mediodía. Contraste del milenario adobe siena de tierra y paja en precarias habitaciones con el vidrio rayban y aluminio flotante de suntuosos “cholets” multicolores. Contraste de la madre analfabeta y el hijo licenciado en ciencias de la educación de la Universidad Pública de El Alto. Una ciudad amalgamada entre lo rural y lo citadino, entre lo rústico y lo sofisticado.

Para aproximarnos a comprender a El Alto, entendamos que es una ciudad forjada -ante todo- por migrantes que llegaron masivamente de toda el área rural andina boliviana y especialmente del altiplano paceño a mediados de la década de los ochenta del siglo pasado. Fue aquel memorable decreto N°21060, implantado en agosto de 1985 por el entonces presidente de la República de Bolivia, Víctor Paz Estenssoro, que dio -cual partido de fútbol- el puntapié inicial para esta carrera por una mejor calidad de vida.

El despido de millares de mineros por la estrepitosa caída de los precios de minerales en el mercado internacional y la debacle de la poca industria del país hacia 1985 y los años subsiguientes, además de la alta parcelación de tierras rurales, pese a la reforma agraria de 1953, promovida por el mismo Paz Estenssoro, sumado a desastres naturales como inundaciones y sequías y la herencia de la mayor inflación de la moneda boliviana en toda su historia; fueron los factores más notorios que atizaron el éxodo hacia El Alto y contribuyeron a su expansión demográfica.

Pero estos factores no fueron per se la causa de este proceso migratorio, sino que el resultado de la conjunción de estos elementos trajo consigo la pérdida de capacidades y oportunidades en áreas rurales y mineras (además del conjunto del país) para el acceso a una vida próspera; pero como veremos más adelante también significó una recomposición de la sociedad y su economía.

Así, por mencionar algunos ejemplos, el cierre de las minas dio paso a la eliminación de servicios de salud y educación para los hijos de los empleados de estas empresas estatales. De igual manera, la quiebra técnica de la Empresa Nacional de Ferrocarriles (ENFE), que una década después fuera vendida, derivó en una drástica reducción de personal, tanto en la red oriental y occidental. Por un efecto multiplicador el sector agrícola – campesino también experimentó este reacomodo económico y social. 

La reducción del ineficiente aparato económico estatal, así como la libre contratación de empleados, el nuevo sistema cambiario de divisas a través del bolsín, entre otras medidas del decreto 21060; resultó, para quienes quedaron sin trabajo y fuentes de ingreso, un impulso más fuerte para migrar hacia los grandes centros urbanos y, en especial, a la recientemente creada ciudad de El Alto [1], dónde pudieron encontrar una zona libre de imposiciones y restricciones económicas, como señalaba el artículo 72 del referido decreto: “A partir de la fecha se determina que los precios de bienes y servicios en todo el territorio de la República, se establecerán libremente”.

¿Fueron los migrantes que se adaptaron a el alto o el alto se adaptó a los migrantes?

Si nos situamos entre 1985 a 1990, establecerse en la ciudad La Paz o Santa Cruz -para los andinos más aventurados- pudo generar radicales cambios y alteraciones en el modus vivendi del nuevo residente; sin embargo, El Alto supo acoger a sus nuevos moradores por la libertad que brindó la ausencia de un estado controlador.

Cabe aclarar que este repaso se centra en el proceso de desarrollo económico de esta ciudad y no en el desarrollo urbanístico de la misma. Y a no confundir, estamos haciendo hincapié en la sana ausencia de planificación de la economía; mas no así, en la penosa ausencia de planificación urbana que aún padece.   

En efecto, no hubo planificación urbana y esto no fue un obstáculo, sino un impulsor de la capacidad de autogestión y la voluntad de los habitantes de construir su propio destino. No se cargó a los flamantes vecinos con impuestos y obligaciones económicas que no devinieran de las propias organizaciones ciudadanas que se crearan (juntas vecinales, asociaciones gremiales, clubes sociales y deportivos, etc.) y, especialmente, no hubo un desarraigo social – cultural de los lugares de origen de los migrantes.

El mantenimiento del apego al terruño se visibiliza cuando observamos que muchas casas, durante ese periodo o inclusive hoy, cuentan con un espacio -aunque minúsculo- destinado para sembrar una planta de papa o quinua, además de la crianza de gallinas u otros animales de granja.

Si observamos también el común hablar del alteño, este se refiere generalmente a la ubicación de su casa como – mi zona, y no así – mi barrio.  es decir: – mi zona es igual a mi comunidad. Entretanto, la aplicación de la categoría barrio, respondería a un criterio más citadino de su entorno. También es común escuchar que cuando el alteño se dirige a la vecina ciudad  de La Paz, dice – estoy yendo / bajando a la “ciudad”. De alguna manera, estos usos del lenguaje explican esa percepción ruralizada que sus propios habitantes tienen de su ciudad.

De algún modo ha sido natural, también, la simbiosis cultural y el sincretismo religioso alteño, reflejado en las ostentosas fiestas patronales como los prestes [2], por estos motivos no existe un desarraigo completo de lo rural por lo menos en la primera generación de migrantes.

Estos hechos tienen una transversal que hizo posible el desarrollo y crecimiento de la ciudad de El Alto, hace casi cuarenta años: la libertad económica o en todo caso el amague al Estado y sus imposiciones económico-tributarias, liberalismo en su esencia primera.

El Alto, entendamos que es una ciudad forjada por migrantes que llegaron masivamente de toda el área rural andina boliviana (...) a mediados de la década de los ochenta del siglo pasado.

Una historia trunca de libertad

El éxodo masivo hacia El Alto, fue consecuencia de la incapacidad para ofrecer soluciones efectivas de las doctrinas colectivistas marxistas y keynesianas, implantadas de manera soslayada desde los años 30 del siglo pasado y que tuvo uno de sus “pináculos” con la gestión de la Unión Democrática Popular (UDP) entre 1982 y 1985.

La realidad demostró en esos años de la UDP, que la planificación centralizada de la economía conduce invariablemente al desastre financiero, la hiperinflación y la pobreza; no hay que olvidar que los paquetes económicos (control de precios) que semanalmente dictaba el gobierno de Hernán Siles Suazo y su segundo al mando, Jaime Paz Zamora, solo provocaron el desabastecimiento de los productos básicos de la canasta familiar.

La historia de El Alto, entre 1985 y los años 2000, es un relato fascinante de cómo la espontaneidad y la adaptabilidad de sus habitantes han llevado al abrazo natural del liberalismo, como motor de su desarrollo. Sin la intervención de pensadores o líderes versados en economía, la realidad y la naturaleza humana han guiado a la ciudad hacia un camino de libertad económica y autonomía.

Adam Smith, padre de la economía moderna, en su obra «La Riqueza de las Naciones» invocaba ya en el siglo XVIII al libre mercado, la división del trabajo y la mínima intervención del Estado en los asuntos económicos; al igual que Ayn Rand, que en el siglo XX promovía el capitalismo laissez-faire y la virtud del egoísmo racional, pudieron ser los referentes teóricos de este grupo de ciudadanos que se asentó en aquella planicie agreste, rodeada de nevadas montañas, pero -con certeza- ellos no tuvieron ni el tiempo ni la oportunidad de leerlos y aun así fueron por ese camino.

Y hoy, desde hace dieciocho años El Alto y toda la república es nuevamente presa de los controladores; la libertad, una vez más, está trunca.

 

El reto: reencontrar la libertad

A medida que El Alto celebra su trigésimo noveno aniversario de fundación, se encuentra en un momento crucial de su historia. Con la reciente realización del censo nacional, el pasado 23 de marzo de 2024, se espera que los resultados confirmen su posición como una de las ciudades con mayor población en Bolivia. Este hito demográfico destaca la importancia creciente de El Alto en el panorama nacional.

Sin embargo, a pesar de su potencial y su pasado de autonomía y libertad económica, la ciudad enfrenta desafíos significativos en su camino hacia el franco desarrollo. Desde 2006, el estado plurinacional ha desviado la senda liberal, que una vez caracterizó a la ciudad y a todo el país, optando por políticas colectivistas que han dejado una herencia decadente y embustera que engaña con una supuesta igualdad social y justicia que solo conduce a la pérdida de libertades y a la miseria.

Basta con señalar que al inicio de este régimen se contaba con altas reservas internacionales de hasta 16 mil millones de dólares y una deuda externa casi eliminada, pero la gestión nos ha llevado al deterioro económico y social extremo.

Retomar el camino del liberalismo se presenta como una necesidad imperativa para El Alto y el país. Esto implica revertir las políticas intervencionistas y burocráticas que han obstaculizado el crecimiento económico y la prosperidad de la ciudad. Al regresar a los principios de libertad individual, respeto irrestricto a la propiedad privada y un gobierno limitado, El Alto puede aspirar a un futuro más brillante y próspero para sus habitantes. Un futuro de libertad.

Notas

[1] La ciudad de El Alto fue creada el 6 de marzo de 1985, a través de la Ley N.º 728, dónde se señala en el artículo primero -Créase la Cuarta Sección Municipal de la Provincia Murillo, con su capital El Alto de La Paz, del Departamento de La Paz-.

2 El preste es el nombre de una festividad de carácter comunitario y rotatorio en Los Andes de Bolivia, con características heredadas del ayni. Es también es una celebración en comunidades extendidas que pueden ser familiares, gremiales o religiosas; el nombre se usa por extensión también para denominar a los encargados de organizar, pagar o apadrinar la fiesta de manera anual, estas personas también reciben el nombre de pasantes, o pasantes del preste. La festividad involucra fraternidades de baile o devotos de patronos católicos. Wikipedia. (2024) Preste (Bolivia) 27 de marzo de 2024. Recuperado de https://acortar.link/KC3oZg

 

Omar Aldayuz Medrano

Licenciado en Comunicación Social, Experto en estrategias comunicacionales, video documentalista, actor de teatro y cine.

No te lo pierdas

Recuperemos la desconfianza en el Estado | Amílcar Alcalá

Hace algunos años, el boliviano perdió la desconfianza. No me refiero a un comportamiento viciado que impide la interacción social, sino a ese filtro que aplicaban nuestros conciudadanos al escuchar un discurso político. Importaba no solo quiénes tenían palestra, una sigla política y la cobertura de los medios para representar

Leer Más >>

«Cada individuo se esfuerza siempre para encontrar la inversión más provechosa para el capital que tenga». Adam Smith

Scroll al inicio